Hay perfumes que funcionan en tu ciudad y se desarman en otra. Lo aprendí en Segovia, una mañana de piedra fría y sol seco, con un cuero que en Monterrey me parecía perfecto y ahí se sentía pesado, fuera de lugar.
El clima manda
La temperatura y la humedad cambian por completo cómo proyecta una fragancia. Lo que en calor húmedo se abre y respira, en frío seco se queda pegado a la piel y se vuelve denso.
Volví con una idea simple: el perfume es contexto, no costumbre. Desde entonces empaco según el destino, no según lo que uso siempre. Y sí — es la misma obsesión por el detalle que aplico al SEO, solo que aquí el reporte es mi propia nariz.