Nara se hace en un día desde Kioto, pero la mayoría lo hace mal: llegan tarde, van directo al ciervo más cercano y se pierden lo que de verdad importa.
Mi recomendación es salir temprano. El primer tren de la mañana te da el Tōdai-ji casi vacío, y créeme que ver el Gran Buda sin cien personas alrededor cambia por completo la experiencia.
El ritmo que funciona
Los ciervos son el reclamo, sí, pero el verdadero plan es caminar el parque sin prisa: del Tōdai-ji al Kasuga-taisha por el sendero de linternas de piedra. Es ahí donde Nara deja de ser una postal y se vuelve un lugar.
Como buen SEO, te dejo el dato accionable: lleva monedas para las galletas de los ciervos, pero guárdalas en el bolsillo hasta que las quieras usar. Los ciervos huelen el papel.